TRANQUILIZANTES

En medio del mundo atribulado en el que vivimos, las personas están expuestas a todo tipo de presiones que suelen producirles altos niveles de estrés, angustia y ansiedad. He indagado en algunas cifras aportadas por el Instituto Europeo de Salud y Bienestar Social, las cuales reflejan que para los ciudadanos europeos se ha vuelto común en los últimos años depender de los tranquilizantes, que son fármacos que actúan directamente sobre el sistema nervioso central, induciendo sentimientos de calma, relajación y sedación, y a su vez generan efectos adversos como adicción, inconsciencia y en casos extremos hasta la muerte.

Razones para usar tranquilizantes

Lo primero que debo admitir es que en España estos narcóticos se consumen en exceso, bien sea porque algunos médicos ceden ante la presión del paciente y terminan prescribiendo el medicamento sin que sea estrictamente necesario, o simplemente a causa de la irresponsabilidad de quienes solo les interesa cobrar su consulta y darle al paciente lo que pida. Pero de una u otra forma, he constatado de forma directa como el uso inescrupuloso de los tranquilizantes está empezando a causar daños en la población.

Existen varias razones por las cuales una persona puede iniciarse en un tratamiento con ansiolíticos, antidepresivos, somníferos o cualquier otro tipo de tranquilizante. Entre las causas más frecuentes, se encuentran las siguientes:

Trastornos del sueño

Muchos de mis pacientes han llegado a mi consulta considerablemente afectados por el ritmo de vida actual, caracterizado por la velocidad, ambición y problemas sociales de toda índole, contexto en el cual muchas personas vulnerables pueden terminar en medio de un colapso nervioso que les induce a estar siempre alertas y por ende se les hace imposible conciliar el sueño.

Cabe destacar, que esta es la causa más frecuente por la que las personas acuden a los tranquilizantes, en forma de somníferos que pueden ser los menos perjudiciales de todos los compuestos de este tipo, pero que de igual manera poseen un gran poder adictivo que convierten a las personas en dependientes para poder dormir.

Según estadísticas oficiales que he podido consultar, 4 de cada 10 españoles han usado alguna vez drogas como esta.

Problemas laborales

Sabemos las vicisitudes económicas que ha atravesado Europa en los últimos años y cómo esto ha impactado en la disponibilidad y calidad de los puestos de trabajo específicamente en España, todo lo cual ha causado enormes impactos negativos en la salud mental de la población, alterando la estabilidad emocional y causando cuadros patológicos de irritación, desesperación, angustia crónica y depresiones agudas, algunas combinados con alcohol, que solo podrían ser calmados con tranquilizantes o sedantes.

Experiencias traumáticas

Ciertas vivencias desafortunadas pueden inducir niveles insoportables de estrés y ansiedad en los seres humanos. He atendido casos de este tipo ocasionados por situaciones tales como la pérdida de un amigo o familiar cercano, o ser diagnosticado con una enfermedad terminal, en los que ha sido necesario la prescripción de tratamientos en base a hipnosedantes para aliviar los síntomas y sacar al paciente de cuadro agudo de la enfermedad para luego brindarle una solución definitiva sustentada en la psicoterapia.

Frivolización del uso de ansiolíticos

Cabe destacar que, a pesar de las causas antes expuestas, que representan una vislumbre del contexto social que se vive actualmente en España y cómo este incide sobre la salud mental del colectivo y aparentemente en los niveles de consumo de tranquilizantes. La verdad es que en los últimos años las enfermedades mentales graves no han aumentado, como sí se ha incrementado a niveles alarmantes la demanda de sedantes.

Naturalmente, en mi desempeño profesional tengo contacto diario con los pacientes y veo de cerca como la situación económica de los últimos años ha afectado a la población, haciéndoles perder su nivel de vida y estatus socioeconómico, por lo que, muchos reaccionan solicitando fármacos que les hagan quedar inconscientes para desviar su atención de la realidad que les ha tocado vivir.

Sin duda alguna, esto representa una banalización del uso de tratamientos para enfermedades mentales, que están siendo utilizados por personas que realmente no los necesitan pero que los solicitan como si se tratara de una medicina que se puede tomar a la ligera.

Siempre recomiendo a mis pacientes estar muy atentos con esto, pues lo que parece la solución más rápida puede convertirse en un problema más grande, generando todo tipo de complicaciones relacionadas con la adicción que no es nada sencilla de superar.

Tipos de tranquilizantes

Existen diferentes tipos de tranquilizantes, de acuerdo con la patología que se presente, los más usados son los siguientes:

Antidepresivos

Como su nombre lo indica, son composiciones destinadas a aliviar o erradicar los síntomas de la depresión, que se puede entender como un estado de tristeza agudo y permanente, que puede estar acompañado de otras patologías como trastorno de bipolaridad y de ansiedad y con consumo de drogas y alcohol.

Barbitúricos

Tal como pude verificar en la guía médica, estos constituyen fármacos fuertes que actúan sobre el sistema nervioso central, produciendo un efecto sedante que puede ser parcial o total.

Benzodiacepinas

Estos se tratan de medicamentos psicotrópicos, entre las que se encuentra el muy usado Valium. En diversas situaciones que lo ameriten, suelo prescribir su uso en pacientes que sufren de insomnio, de algunos trastornos de ansiedad y para sobrellevar la abstinencia alcohólica.

Métodos tranquilizantes

El uso de fármacos tranquilizantes no es la única forma de superar la ansiedad y otros trastornos excitantes del sistema nervioso central, dado que, también pudieras empezar poniendo en práctica los siguientes métodos naturales, económicos, al alcance de todos y sin efectos colaterales adversos que también son recomendados por cualquier médico:

Cambiar la rutina

Sentirte atrapado en una rutina diaria pudiera ser un factor de desesperación y depresión, por lo que, caminar al aire libre, jugar como un niño y hacer algo de ejercicio le puede hacer muy bien a tu salud mental.

Cambio de actitud

Aprende a afrontar las adversidades con una actitud positiva, no enfrascándote en el problema sino en las posibles soluciones.

Exterioriza tus sentimientos

Contar tus penas, angustias e incomodidades a un ser querido o a alguien de confianza pueden ayudarte a drenar esos sentimientos reprimidos que no te hacen ningún bien y pudieran generar perturbaciones mentales y conductuales.

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